Conforme se fortalecen, cambian y desplazan los conflictos, nos damos cuenta que no estamos jugando a una guerra del bien y el mal,
no se trata de liberar a la princesa o de vencer al malo del cuento. Estamos viviendo guerras de dictadores, de intereses, benditos intereses, de vencer al pueblo para obtener el
PODER, bendito poder infinito con el que sueñan esos finitos seres humanos,
tan pequeños y tan ambiciosos como una hormiga que carga una hoja diez veces mayor que ella.
Por eso le digo señor bush (si, bush, ex ex
EX presidente bush), se oyen nuevos cantos,
nuevos vivas, y se sienten nuevas emociones, se siente
más respeto por ese su pais, que usted dejó en crisis y que ahora queda en manos de un politólogo-abogado, cuyo segundo nombre es Hussein, cuya tez es oscura, cuyo vicepresidente es católico, ese nuevo presidente que sonríe y logra calmar masas, cuya esperanza es grande y cuyas acciones, esperemos, sean universales.