
Tiempo ya de no escribir en estas líneas.
Y es que en tardes como estas, en las que uno se reencuentra con aquello que fue hace unos años, aquello que dejamos escrito en algún rincón de internet: logramos recordar, recordarnos momentos, segundos, [frases necesarias].
Hoy justamente pensaba en aquella vez que dejé una alarma a dos años plazo en mi celular, es decir que sonara dos años después de programada. En ese momento me propuse que cuando sonara me recordaría en un camerino esperando mi turno para bailar en el salón de mi academia. Aquellos años de ballet clásico. ¿Dónde quedaron? O más bien, ¿dónde los dejé? Me urge escribir sobre ellos.
¿Qué hiciste todo este tiempo?.
Me pregunté en la alarma programada para días como hoy en los que necesito recordar.
¿Qué hice todo este tiempo? Pues, cambié las zapatillas desgastadas por botas para la lluvia, cambié las horas nocturnas de ensayo por horas prisa, en las que ya no me detengo a pensar si lo estoy haciendo bien o lo estoy haciendo mal, cambié el olor del teatro tras bambalinas para ser una espectadora más, cambié mis ojos de bailarina por ojos que se esconden tras una cámara o un guión de edición. Cambié a mi agrupación de ballet por conocer el mundo a través de un grupo de extranjeros, un tanto más aleatorios de lo que preferiría.
Ya no recuerdo muy bien qué día decidí este cambio, nada más sucedió, y hoy lo pienso. Los pienso: ¿ Qué se hicieron esos años?
Algún día escribiré sobre esos años de ballet. Todavía no es el momento.
Por el momento, me pregunto:
Vos, ¿Qué te hiciste todo este tiempo?
¿Dónde te dejé?
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